
Empezamos de buena manyana, montandonos en un tren regional, que nos llevò hasta los anyos 80, con las correspondientes tapicerias que os podeis imaginar. La llegada a Tivoli espectacular, entre tùnel y tùnel aparecian cascadas de agua y restos de torres medio caidas. Al llegar a la ciudad envejecimos un poco mas (o rejuvenecimos, no se como decirlo) pero esta vez llegamos hasta el siglo XV, como si nos hubieran metido en los jardines de "El perro del hortelano", y paseamos por la Villa d'Este como verdaderas princesitas. Fuentes que suenan por un òrgano hidraùlico, avenidas de cipreses, escalinatas inmensas...hasta Bernini tiene una fuente en la Villa.
Despues de un paseito por el resto de la ciudad llegò el plato fuerte. Siguiendo con ese viaje temporal, aterrizamos en el siglo I a.C y nos metimos de lleno en Villa Adriana. Esta vez no me pillò tan desprevenida, y con una pasmina blanca me hize una tunica casera. Tengo que reconocer que pasear entre los restos de termas, templos y edificios varios me hizo sentirme un poco romana. Estuvimos practicamente todo el paseo solos, andando entre olivos y pinos, tocando algunos de los mosaicos que todavia se conservan, tumbados en la hierba como lo hizo Adriano....Parece que fue ayer.

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